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Segundo día

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 "Ha habido un error. El Universo se ha equivocado. Rebobinen.  Paren el mundo, que me quiero bajar. Todo está mal. Todo está contra mí.", etc.  Yo, víctima..., etc.  Yo, yo, yo. Según pasa el tiempo, veo lo que somos, cómo somos en realidad,  a pesar de la apariencia de nuestras excusas. Sólo puedo constatar.  Queremos influencia, poder. Y el poder es frío. Cruel, deshumanizante,  así como todas las formas de obtenerlo. No es, desde luego, el consuelo de un relato.  Al descubrir la limitación, descubrimos una identidad que no habíamos planeado. Para ello, como en lo demás, suspender el juicio es posponerlo.  Nadie está donde quiere estar. Rebelde es uno para otro.  Peleamos.  Mientras el mundo duerme su ira, llego a decir algunas cosas. A reconocerlas.  En realidad, el sentimiento que mejor he conocido es el resentimiento. La impotencia, el lamento.  El rencor.  Estar triste tampoco está mal. La tristeza es honesta. ...

Postulados relevantes

Un hombre no cambia la sociedad. Hace demasiado tiempo de esto. La sociedad son los individuos que la componen. Estos son cada vez más  complejos e interdependientes y esto hace que aquella posibilidad se aleje cada vez más, perfilándose más como un mito romántico, inalcanzable. No faltan nunca individuos que generan polémica a su alrededor, y no buscan más, en el fondo, que el que su nombre resuene y llene el mundo, que aparezca por todas partes. Esta es la gran mentira. La mentira del individuo. Proliferan, se descontrolan a sí mismos. Mueven a la locura, a la risa y, en una palabra al exceso. Exceso de desconocimiento. A la vil y determinante distracción. La realidad es que no está a nuestro alcance la influencia que producimos. Nos atraviesa involuntariamente. No conocemos su límite. Pero sabemos que somos pequeños. Ahora más que nunca. El culto a la personalidad es la gran mentira, el gran aparataje, invento, estafa que culmina en el siglo XX y execra el XXI como una especie d...

La Belleza

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La Belleza 19 de febrero 2020. 22:26 Podría ser también: Canto a la Belleza ¿Ha vuelto a mí la Musa?¿ha estado alguna vez conmigo? Escuchad, si queréis, mi canción. Me ha parecido eterno, pero es como si hubiese vuelto a mí, a un abortivo , al último hombre, quizás. Y yo siento una poderosa gratitud de que haya vuelto, pues la he esperado ansioso e inquieto, más de lo que podáis imaginar ahora. Yo quisiera saber si uno no puede más que sentirse el último hombre, casi siempre, sea quien sea. Señor. ¡Cuánto amo tu Misterio! La conexión que hay, que existe entre Tú y yo. Que me mantiene agarrado a este mundo, aunque muriese ahora mismo o mañana. La vida es un momento inseguro de la Eternidad. Parece que se cambiasen los roles. Que el que es seguro fuese inseguro y viceversa. Espero que alguno entienda lo que quiero decir. Lanzo este mensaje en la botella con la esperanza de ser escuchado y comprendido. No voy a negar mi deseo de amor. El ansia de eternidad no termina en n...

Recuerdo y narración

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En el pequeño hogar de algún lugar una madre viste a su hijo. Es el primer día de guardería. Ese niño era yo. Recuerdo bastantes detalles de ese momento. Mamá me pone una chaqueta negra, como de cuero, tal vez vaquera. La luz de la mesa redonda está encendida. Me viste en el salón. Ahora no sé si ella estaba más nerviosa o emocionada que yo. Apenas presencio el momento que pasa. Ignoro demasiado, pero eso no me molesta. Estoy centrado en este momento. Aún es muy pronto. En algún momento acaba y nos vamos en su Wolkswagen. No recuerdo a Daniel el primer día. Tal vez estaba en otra parte. Voy a pisar la guardería del Enrique de Ossó por primera vez. Será el principio de una aventura, un periplo que durará casi quince años. Un lugar que será siempre especial para mí. Conoceré por primera vez a mis compañeros, mi segunda familia, en los mejores y los peores momentos. Es un punto decisivo de mi vida. Debo tener poco más de dieciocho meses, según el testimonio de mi madre. ...

Escenas de una vida

Escena 1 Es de noche. Descanso en la parte de atrás del coche. El sonido del motor me relaja. Apenas siento que está ahí. Estamos solos mi madre y yo. Estoy recostado y puedo ver a través de la ventana grandes altas rocas que se imponen junto a la carretera. La tenue luz de las farolas produce sombras en ellas que me llaman mucho la atención. Como si fuesen estatuas de santos de los tiempos remotos, observándome. Dani no ha venido hoy. Se ha quedado con Tetete, la prima de mi madre. Vamos de camino a la casa de la abuela, donde también vive mi padre. Vamos cada dos semanas, aunque a veces algo más. Me encanta ir allí. Es una casa enorme. Cuento pocos años, pero ya he tenido algunos de los recuerdos que perdurarán el resto de mi vida en esa casa. Jugar con mi hermano y mis primos. Ver películas de acción o aventura, con gente musculosa, explosiones o artes marciales. Para mí, ahora la felicidad incluye mi segundo hogar. Es una casa antigua. Con pasillos alargados y una sensación...

La casa de Yeya

Mi abuela se llama Angelina, pero nosotros la llamamos Yeya con cariño, desde que era pequeño. En aquel entonces, mamá solía estar muy ocupada, y aunque disfrutaba con nosotros, mi hermano y yo a menudo nos quedábamos en casa de otros familiares.  Una de las casas donde pasé más tiempo y a la que cogí mucho cariño, por la paz y el acogimiento que encontraba allí, fue la casa de mi abuela. Se trataba de un piso pequeño en el barrio de Las Remudas, en Telde, la ciudad donde crecí.  Muy de mañana, solía escuchar a un hombre vendiendo pescado fresco en la calle. Llevaba un megáfono y anunciaba a los vecinos la oferta de sus productos. Recuerdo con mucha claridad quedarme embelesado frente a la ventana, sin mirar a ninguna parte, siempre distraído, mientras escuchaba de lejos ese sonido familiar. Además, no sé si era por la ventana, pero sólo recuerdo días nublados, entonces.  La experiencia en su casa solía ser la misma. Mi abuela me grababa los dibujos animad...

Raíz del ser

A veces, preferiría no haberlo descubierto, pero ya ha sucedido. Es difícil ser hombre para todos los hombres, por igual. No sólo disfrutamos en silencio y a escondidas. También sufrimos. El sentimiento universal no es positivo, como no lo es la desnudez, el frío. La insuficiencia. Pero pronto llenamos ese hueco en la imaginación. Sin percatarnos en absoluto, al principio. Cuando lo hacemos, ya es tarde.  El sufrimiento del hombre es no pertenecerse. Ser esclavo del pasado desconocido, empujado y moldeado por él. Sufriendo de segunda mano. Pensando, sin descanso, que la verdad es la luz que extingue los cuerpos de la oscuridad. Pero no es suficiente esa luz. No hace más que esperar, temer extinguirse. Y el odio hacia el hombre posee a todos los hombres, en un momento de descuido. De licencia.  Soy bárbaro, pero ojalá no lo fuese. Ojalá no preocupase el comportamiento. Pero es así. Hasta el límite de la humanidad. El fin del mundo. La pobreza molesta. También la que...