Raíz del ser


A veces, preferiría no haberlo descubierto, pero ya ha sucedido. Es difícil ser hombre para todos los hombres, por igual. No sólo disfrutamos en silencio y a escondidas. También sufrimos. El sentimiento universal no es positivo, como no lo es la desnudez, el frío. La insuficiencia. Pero pronto llenamos ese hueco en la imaginación. Sin percatarnos en absoluto, al principio. Cuando lo hacemos, ya es tarde. 

El sufrimiento del hombre es no pertenecerse. Ser esclavo del pasado desconocido, empujado y moldeado por él. Sufriendo de segunda mano. Pensando, sin descanso, que la verdad es la luz que extingue los cuerpos de la oscuridad. Pero no es suficiente esa luz. No hace más que esperar, temer extinguirse. Y el odio hacia el hombre posee a todos los hombres, en un momento de descuido. De licencia. 

Soy bárbaro, pero ojalá no lo fuese. Ojalá no preocupase el comportamiento. Pero es así. Hasta el límite de la humanidad. El fin del mundo. La pobreza molesta. También la que no se ve, pero se siente. Todos los recuerdos son incompletos. Lamento los errores de mi vida. No conozco su naturaleza. No puedo deshacerme de lo que desconozco. Pues no controlo la luz. A lo mejor no quiero luchar. Quién no quiere ser salvado? 

Todos nos dicen lo que debemos hacer, pensar y decir. Nos imponen sus miedos y sus desesperaciones. Hay una repetición incompleta en la tradición, que cambia. Un temblor que se transmite. Una ternura humana que se vuelve recelo al menor imprevisto. Porque existen y son muchos, como las amenazas y los secretos del tiempo. Las divagaciones del alma. Que se ha unido a cuerpos imperfectos por un misterio no revelado. Quién no quiere decirlo todo? Quién puede elegir? Yo no he tenido más remedio que rebuscar. 

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