Curación


Recuerdo muchas cosas. Aún creo que necesito contar mi historia. Siempre que vuelvo al principio, veo una nueva parte de mí que no puedo explicar, porque la estoy viviendo. Es muy difícil conseguir identificar las verdaderas tendencias que tejen nuestra vida, nuestra cultura y nuestro mundo, en definitiva.

Como ya he dicho antes, mis primeros recuerdos tuvieron lugar en La Garita y Las Palmas. Ocasionalmente, íbamos a algún otro lugar como centros comerciales, sitios de recreo, el campo o la playa o casas de familiares y amigos.

Vecinos


Ya he hablado de Graciela. Se me olvidó decir que no me gustaba su olor. Ella formaba parte de nuestra pandilla, al igual que todos los hijos de los vecinos de la calle. Es extraño cómo los grupos más remotos se parecen a los modelos más genéricos desde el principio.


Parecía una serie de televisión. Eran muy diversos. Ellos eran Ayoze, David, Miriam y Sarai, Dani el Grande. Todos vivían muy cerca de casa. Pronto se unieron más. Billy, Kevin, Nerio. Llegamos a ser un grupo bastante grande. Los grupos van cambiando con el tiempo, se unen y se separan. Hubo tantas cosas que ahora no puedo saber de entonces. Pero muchas otras las viví y ya son parte de mi vida para siempre.

Cada uno tenía su papel. Unos eran más extrovertidos que otros. Ayoze era muy noble y solía cuidar a sus hermanos pequeños cuando la madre trabajaba de noche. También sabía cocinar y se encargaba de la casa. Mamá le admiraba mucho por eso. Recuerdo que un día, al volver del colegio, le ví colocando los decorados por la celebración de mi cumpleaños en el patio de la entrada. Ayudaba a mi madre.

Hablé muchas veces con él en el callejón. Vivía en la casa de en frente. Alguna vez jugamos al fútbol o fuimos en bici. También al baloncesto. Me caía muy bien. Parece que fue ayer cuando nos sentábamos a hablar, a contar chistes, escuchar música o jugar a la consola. Qué extraño me sigue pareciendo el paso del tiempo, a pesar de todo.

Antes de él, David era bastante amigo mío. Era muy extrovertido y le encantaba gesticular y escenificar. Nos gustaba jugar a cualquier cosa. Alguna vez nos peleamos. Es tan incontrolable ser humano, simplemente. Después estaban las vecinas del fondo, las hijas del mono verde. Así lo llamaba mamá. Eran muy antipáticas y lo sabían. Eran como las aguafiestas de la serie. Estaban para molestar, pero, de un modo de extraño, tenían su encanto. Eran un complemento necesario.

El resto vino más tarde. Dani el grande era el mayor. Por eso le llamábamos así. Fue una pésima influencia para mi hermano en su adolescencia, pero él no se daba cuenta del daño que le hacía. Debió parecerle un modelo adecuado. En esa época somos muy permeables en ese sentido, pero mi hermano desde el principio me pareció tan vulnerable, que casi cualquiera hubiese podido hacerse con su voluntad. Parece que le gustaba o buscaba meterse en problemas.

No debía tener más de diez años cuando se unió Rafa al grupo, "Gafa". Era un chico alemán que tenía un hermano llamado Simón, más pequeño. No le tratamos muy bien. Yo era casi el más pequeño del grupo y recuerdo que me peleé con él. Seguro que el motivo fue ridículo. Yo debía ser rematadamente tonto. Me enseñó su casa en una ocasión, algunos cromos de lucha libre y pude comprobar que vivía peor que nosotros. Me compadecí de su situación. No creo que tuviese una vida fácil.

Billy era tan follonero como Daniel. Les gustaba hacer putadas y eran los gamberros del grupo. A Ayoze le hicieron algunas y supongo que a más gente del barrio. Reconozco que yo me dejaba llevar por ellos muchas veces y también les acompañaba y participaba. No hacerlo hubiese sido casi imposible, pero muchas veces prefería quedarme en casa.

Me gustaba la vida que tenía. Dani y Ayoze me enseñaron a llevar la bici y al principio me costó mucho. El padre de David quitó las ruedas pequeñas a mi primera bicicleta. Cuando se nos caía el balón a alguna casa era como una lotería. Podía tocarnos un buen o un mal vecino, según el humor y la suerte. Creo que se nos cayó en todas las casas de varios callejones. Solíamos hacer rebumbios o mundialitos. También jugábamos a la pared, al bobo y juegos por el estilo. Nos gustaba patinar, ir en bici y cualquier cosa que sirviera de excusa para estar juntos.

Nos gustaba estar en casa de alguien. Estuvimos alguna vez en casa de Kevin, Billy, Nerio o Dani el grande. Era nuestra vida de entonces. Es muy fácil y agradable contar todo esto. Me alegra que quede constancia. No era una compañia ideal, pero era especial y pasó de verdad. Cada uno tenía su propio carisma, pero a la hora de la verdad, los mayores arrastraban más. Era normal.

A mi madre no le gustaban ciertas compañías y no tardaba en decírnoslo. Muchas veces, iban a la playa juntos y no podíamos ir con ellos, porque ella quería estar presente. Solía estar más tiempo con ella que mi hermano. Él debía disfrutar más por ahí haciendo el golfo. A mí me gustaba mucho estar en casa y pasar mi tiempo jugando a los muñecos, la consola, viendo pelis, dibujando, etc, pero también salía con ellos de vez en cuando.

Mi infancia fue muy buena. No puedo quejarme. A veces la echo de menos y es tan natural como respirar. No lo he contado todo, pero me resultaría imposible. Para mí, aquello era todo, entonces. Si había mucho más, a mí no me importaba y era como si no me afectase, como si no existiera. El barrio estaba bien. Apenas tuvimos problemas serios. Todo era cercano, familiar. Todos éramos una gran familia que vivía en casas distintas y a la que le tocó vivir en aquél tiempo y lugar en comunidad. Eso bastaba y fue bello de verdad. 

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