Herencia del hombre


Otros hombres escribieron. Yo, hombre, también escribo. Escribir no detiene la vida, pero influye en ella. De la tradición, ignoro la totalidad,  pero conozco una parte. El final llega hasta mí. No soy menos que un niño. No merezco monumentos míticos. Pero más que compartirlas, quiero imponer mis experiencias, para deshacerme de ellas, de una vez.

Sobre el devenir de lo desconocido: huimos hacia delante. Hay supervivencia, agitación, inestabilidad, rotura, búsqueda de libertad. Errores. Ahora, juzgamos nosotros. Soñamos en la imaginación. Lanzamos mensajes sin darnos cuenta. Mensajes contra nosotros mismos. Contra el hombre, denuncio las mentiras ocultas y descubiertas. Porque yo también las he disfrutado, cada instante que he podido. Me he vuelto hacia ellas. Incontables veces. 

He desconocido la verdad. Amo pararme a educar. Pero más quiero ser educado. Educado en la verdad. En su pureza. En el centro y equilibrio de las cosas. Porque me agota y estresa el movimiento, el caos. De lo superficial. Y resbaladizo. Persigo un estado mental de paz completa. Un ideal. El momento de ser salvaje no ha pasado. El control de uno mismo. Hacerse libre. Siendo prisionero del tiempo y de la muerte. Un verdadero misterio. Creo que la verdad apunta, alcanza y atraviesa. 

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