Himno cíclico
Por último, se me apareció también a mí, que soy como un abortivo.
Corintios 15:1-11
Las palabras son exactas. El uso es vago y engañoso. Siempre me ha faltado disciplina, valor. He amado esta vida con todo el corazón hasta el momento, y si ha habido parte que no lo haya hecho, ha amado a Dios, fuera de esta vida mortal, en la vida eterna.
Las palabras son exactas. El uso es vago y engañoso. Siempre me ha faltado disciplina, valor. He amado esta vida con todo el corazón hasta el momento, y si ha habido parte que no lo haya hecho, ha amado a Dios, fuera de esta vida mortal, en la vida eterna.
Si realmente soy el mismo, tal y como soy, volvería a hacerlo todo igual. Lo que hace una vida interesante es la profundidad, inteligencia y sinceridad de las elecciones del individuo. Los pensamientos se convierten en obras. El mundo sólo puede cambiarse con acciones pequeñas.
Amo a los hombres que lucharon con valor por el juicio postrero de otros hombres, pero amo más aún a los que lucharon por el Juicio de Dios, que está muy por encima de los hombres y todos sus juicios, haciéndolos vanos, si no me engaño en mi corazón. Pues creo que escudriña el corazón por completo y no hay para Él abismo, ni duda, ni incertidumbre o limitación. Sólo verdad y poder, que son la misma cosa. Nos une la esencia de nuestro desconocimiento a todos los hombres.
Si tuviera la opción de no convertirme en monstruo o dejar de serlo, me abrazaría desesperado a sus pies, en busca de protección, profunda y definitiva unión. Es decir, unión verdadera. En busca de un escondite indestructible. Un escondite de eterna alabanza y gloria. Aunque no pudiera ser para mí. Porque si no podemos ser como Él, si lo mejor que hay en nosotros es sólo un pequeño reflejo de Él, sí podremos, al menos, adorarle sólo a Él.
La suerte eleva y hunde a la vez en su vacuidad. Eso que llamamos suerte en nuestra ignorancia. ¿Quién soy yo para juzgar a los hombres? Otro ignorante que lo hace. Sobrestima sus juicios. Juega con ellos. Los reposa y descansa. Los retoma. Batalla con ellos. Viaja con ellos. Se enorgullece, envanece y envilece con ellos. No atravesando, mas siendo atravesado. No sometiendo, sino siendo sometido. También se encapricha y sufre. Hombre soy, con toda la Humanidad. La familia de mi corazón. Pero más aún soy criatura de Dios.
¡Oh, hombre! Me parezco a la parte que más odias de ti, que tú mismo reconoces. Afróntame de una vez y para siempre. No retrasemos más tu gloria, la que te aseguras en la inquietud de tu sueño apasionado. Ven a tomarla. Demuéstramela. Luchemos justa, eterna y santa batalla.
¿Quién soy yo para juzgar a Dios? El mismo hombre, que no resiste su mirada. Pues penetra hasta el fondo de mi alma y aún me daña su justicia, por mi suciedad y oscuridad moral. Tengo fe en su piedad. Largo camino veo por delante. Sólo a Él pido ánimo y fuerza. La meta es el reposo en su justicia, donde se encuentra el verdadero valor. Donde ya nada puede el lazo de la mentira.
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