El principio del pensamiento


Caída, ataque, esfuerzo, inteligencias opuestas, juego, medida, competición, lucha, incertidumbre, choque, puja, conflicto, roce, desgaste, desacuerdo, interrupción. Repetición. Uniformidad, plenitud. Resultados posibles: derrota, victoria o empate. La vida usa inteligencia. Capacidad de autoorganización. Siempre tienes disponible una respuesta que te complace. Una salida. 

Los razonamientos van antes que las palabras. Las palabras son una traducción de los razonamientos. La razón es la guía incompleta, interminable. A la razón siguen interminables razonamientos, todos verdaderos, equivalentes. El hombre es un proceso racional incompleto y continuo. 

No encuentro problema en reconocer que el avance universal pasa de lo más simple a lo más complejo, de la materia inanimada a la animada, siguiendo un ciclo repetitivo, uniforme. Esto es lo que entiendo por universal, verdadero, positivo. Lo contrario de lo falso o negativo. El avance y retroceso son dos estados de un mismo ser. Los monstruos son trampas de la razón. No se puede medir lo exacto, la existencia. 

La vida del hombre es moral. Todas sus acciones y pensamientos son morales. Cuanto más fundada es una esperanza, antes desaparece. Atrévete a conocerte a ti mismo. Ánimo y manos a la obra. Te suplico que me obligues a contradecirme. Yo quiero llegar a la pura verdad. 

Te confirmo lo que más temes de mí, tu enemigo. Para que salgas de esa incertidumbre. Para sacarte de ella. He pintado uno peor que tú en mi cabeza, usando tu modelo. Mucho peor. Todo lo peor que se pueda imaginar, si cabe. Ha sido desafortunado. Lo presento al vulgo como si fueras tú. No sólo a ti.

No puedes cambiarlo, porque, hablando sensatamente, si no pudiste antes, no puedes ahora. No quieres ser educado. De acuerdo. Por tanto, a veces siento que he perdido el tiempo contigo, porque realmente quería que fuera al revés y no ha sido así. 

Hay que vencerte en tu terreno. Hay mucho que hacer. Hay que cansarte, desmotivarte, hacerte suplicar. No es tarea fácil, viéndote ahora con semejante aplomo y firmeza. No dudas lo que otros dudan de ti. Lo que te hace orgulloso, altivo. Este es el verdadero comienzo. Este es el camino. 

Estamos discutiendo. Este es un punto de partida que no podemos negar y por tanto, en el que estamos de acuerdo. Procuremos, ahora, no dar saltos precipitados, si es que somos capaces y guiarnos por la razón. Estamos discutiendo por algo, algo que nos afecta, que nos oprime. Nos limita y nos ofende. Nos obliga, de nuevo, a buscar lo que habíamos llamado libertad, prosperidad, dándolo por seguro. 

Procuremos acabar con esta disputa de una vez, si es que somos capaces o sólo nuestra intención es discutir (si no la única, la más grande), apelando, imaginando (no conociendo o sabiendo) a un punto intermedio, exacto entre los dos, al que llamaremos "verdad" y que no pertenece a ninguno de los dos exclusivamente (pues estamos discutiendo, por medio de él), que ambos ignoramos parcial o totalmente. 

Tú dices que no te he conocido en este tiempo, por no decir durante toda la vida, comprendiendo que tu desarrollo emocional, personal, ha sido más revelador e intenso en aquel período. Entonces, si no ha sido a ti, a quién he conocido? Dices, si no me equivoco, que he querido hacerte como he deseado, sin tener en cuenta tu criterio y tus deseos. Que te he inventado. Eres, para mí, un invento de mi imaginación o de mi locura, cuando no de mi perverso e incorregible deseo y apetito. 

Es decir, que he pasado por encima de ti, a tu costa. Que te he dado la espalda. Que he bajado la guardia. En fin, que no he sido ejemplar contigo. Obediente, leal. Que soy un juguete de mi orgullo y no de la Fortuna. Desconfía del que te deje hacer lo que quieras. 

Yo quisiera saber, por tanto, si no te conozco yo, amigo personal, real (no perfecto, completo) que te he visto ser tú mismo en momentos de reposo y movimiento, de recreo y de labor, de angustia y de júbilo, quién eres, puesto que, deduzco que si he errado al conocerte y tú lo has distinguido, tú te conoces bien y sabes quién eres, a menos que sólo distingas lo que no eres y no lo que eres. Preséntate, por tanto y dime quién y cómo eres, de una vez. 

Hago un pequeño inciso para aclarar que esos que criticas y a los que no prestas la más mínima atención o lealtad son los que yo vengo a defender, no a ti, pues es mi labor, y si no es así, es la que yo decido, que tiene mayor peso, todavía. Pues me convierte en ciego y solemne entusiasta. En entusiasta orgulloso. 

No intentes convencerme. Convénceme. Porque hablamos del poder indivisible de la identidad propia, del ser mismo, de la personalidad. De la conciencia de la personalidad. No hablamos nada menos que de lo esencial, de tu esencia. Y no me tomes a broma, porque dudo que no te tomes a ti mismo en serio, más en serio que a cualquier otra cosa, existente o inexistente. Real o ficticia.

Te escucharé sin interrupción. Aquí me tienes, completamente solícito a tu entera y exacta enseñanza de ti mismo. Juega con mis reglas, aunque sólo sea para descalificarme o descalificarlas. Ánimo y manos a la obra. De momento, tienes mi total confianza. Cuanto menos sepas, más errores cometerás y más vergonzosos serán. Cuanto menos sepas de ti mismo. 





Comentarios

Entradas populares de este blog

Tà eis heautón

Curación

Postulados relevantes