Queridos intrusos
En el curso de mi vida me he encontrado con personas amadas. Ahora creo saber que esto se debe a una especie de casualidad. Porque ellos no estaban ahí debido a un plan premeditado. Mi aproximación a sus almas venía de un gusto inocente, de una atracción natural. De una debilidad. Así sucede siempre.
Recuerdo detalles en los que sobresale su pasión por la verdad, por llegar más allá, bien con sus palabras, bien con sus acciones. La actitud es clara. Los restos que se dejan atrás. A los que es imposible renunciar. Tengo presente en mi memoria la batalla justa de sus argumentos. La nobleza de sus intenciones. Lo demás está sumido en una tiniebla caótica, porque es irrelevante.
Ahora sólo puedo pensar que sus palabras estaban motivadas por la verdad en sí. Que cuando hablaban, arañaban y apuntaban aquello que no es simple a los ojos incautos, sino que llega más abajo, penetra más profundamente. Esto sólo puedo atribuirlo a la maestría, al sufrimiento de la experiencia, pero al mismo tiempo, a un tipo de talento natural. De no ser así, no hubieran destacado a mis ojos. Todavía no sé cuánto les debo.
Pienso en la frescura de esas ideas, en la inspiración que desprendían. Usando esta figura, se me ocurre imaginar el aire viciado de lo cotidiano, lo vulgar, todo aquello de lo que deseamos huir. Pues el entretenimiento que no es fácil y atractivo, no existe. Entonces, surge un viento frío, un aire fresco que nos riega por dentro. Como el agua que toma con avidez la raíz sedienta, seca, hecha para eso. Para crecer. Para subsistir.
Esta es mi explicación de la enseñanza, de su necesidad y su causa. Su naturaleza. Soy incapaz de separarlo de la poesía verdadera, de la posesión divina. Esa mediación, ese trance, si es honesto y completo, hace posible la transmisión del conocimiento. El recuerdo de la sabiduría. El nacimiento interior de la verdad.
Esta es mi explicación de la enseñanza, de su necesidad y su causa. Su naturaleza. Soy incapaz de separarlo de la poesía verdadera, de la posesión divina. Esa mediación, ese trance, si es honesto y completo, hace posible la transmisión del conocimiento. El recuerdo de la sabiduría. El nacimiento interior de la verdad.
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