Publicaciones vanas


Me habéis pillado antes de empezar. Todos tenéis razón. Primero, soy vuestro. Hablaré en mi propia lengua. Sólo puedo hablar de mi vida cotidiana. Incluso sobre ella puedo mentir. No estoy orgulloso de ello. Mi tormento no termina. La imaginación es como la cultura. Un excedente, una espuma de la naturaleza. A veces bella y otras veces fea. No puede ser a la vez.

Lo intentamos, pero resulta imposible. Todo lo que he amado lo he perdido en el devenir del tiempo y sólo quedan apariencias cotidianas. Fantasmas que se mezclan y se disuelven. No quiero extender mi discurso. Es la melancolía, traviesa, perezosa, como nosotros mismos. La pasión mortal.

Pienso seriamente en el honor perdido o inalcanzable. En las fatigas para conseguirlo o conservarlo. Es dramático estar atrapado en nuestro tiempo, sentirnos atrapados, solos, sin ayuda. Aunque sólo sea a veces. Parece suficiente. En teoría sería muy fácil levantar los ánimos, combatir la injusticia. Dar ejemplo. Pero la vida por dentro es más difícil y no basta con expresarlo. Tan solo un momento. Como el éxtasis o la embriaguez. Un instante en el limbo, antes de sumergirnos de nuevo en los accidentes cotidianos.

Si me atreviera a decir que no quiero emocionar, que no quiero dejar aquí un poco del valor de mi alma, mentiría miserablemente. Estoy resentido e indignado por nuestra época, pero sobre todo por mí mismo en nuestra época. Por mi cobardía y mi debilidad. Imagino las tuercas del mundo apretándose sin piedad, los gritos silenciosos retumbando en nuestra psique. El caos y la frivolidad derramándose en cualquier parte.

La verdad despreciada en el detalle más pequeño. Reconozco mi desánimo. La avidez de mi resentimiento. Ese que no he sabido controlar, al que me he entregado vencido en otro presente cualquiera. A veces es como si no creyera en ningún misterio ni pudiera creer en él. Son momentos en los que me siento profundamente culpable, acusado por mí mismo.

Sé que da temor escuchar o confesar este tipo de cosas. No es el perfil que se promueve como el más adecuado para nuestro momento histórico. Más bien todo lo contrario. No quiero que carguen conmigo, pero tampoco imagino que esto sea así realmente. Pero no quiero hablar más de la naturaleza humana.

Lo que nos hace iguales es la capacidad de tolerar la misma verdad. Todo lo que surge después es confusión e ilusiones violentas. Si mi espíritu no es fuerte para resistir, que esté más abajo todavía. No quiero pedir lo que no puedo tener. Al menos, bastaría con saberlo. Es que uno solo basta para vencerse a sí mismo por dentro? Ese es el poder de nuestros grandes recursos? la ambición de nuestro género?

Perdonadme porque hable así. Yo debo luchar por mi esperanza, no pedírosla a vosotros por la simple o fortuita elocuencia de un discurso. Todo se ha escrito muchas veces y seguimos intentando escribir algo nuevo. Tal es nuestra salvaje ambición hasta hoy. No nos hemos dominado. No hemos conquistado el dolor de nuestro espíritu, vibrante, como un fuego sagrado. Dejo caer palabras con la mezcla de sentimientos acostumbrados. La lucha de los extremos de mi corazón. Un corazón que siempre tiene miedo de estar solo.

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