Invocación
Queridos y amadísimos guías.
Os hablo a todos y a cada uno de vosotros, conocidos y desconocidos, manifiestos y ocultos, que nacéis de la memoria. Moristeis muy pronto y ante mí se abre un camino demasiado largo. La muerte es un misterio. Para mí sois el mayor y único enigma. Demasiado grande me parece la carga que me ha tocado y he intentado deshacerme de ella: descubrir el verdadero amor por la filosofía.
Todos vosotros sois santos, porque fuisteis inspirados directamente por la divinidad. Vuestra memoria sobrevive a la ingratitud de las épocas. Vuestra indignación es vuestra grandeza. Vuestra inocencia es inmortal. Os invoco a todos para que me deis vuestra fuerza y vuestro aliento una vez más, para soportar mi camino, mi carga, pues ya parece insoportable de nuevo.
En lugar de amar a los demás, intento deshacerme de ellos, utilizarles, hacer que cumplan mis caprichos. Llenar sus cabezas con mi nombre y mis logros. Y en qué me aprovecha semejante empresa? Qué es realmente? Decídmelo vosotros, que fuisteis inspirados por el único Sabio. Basta naufragar una vez para recordarlo toda la vida. Es un sentimiento inolvidable. Inextirpable. Basta huir una vez. No volvemos a confiar. Ya padecemos de nuevo nuestro deseo.
Me ha inspirado cada palabra que ha salido de vuestra boca y de vuestra mente. No he visto una sola de vuestras caídas, ni lágrimas, ni rabietas, ni triquiñuelas. Todo lo habéis hecho bien, como superhombres. La prueba, amigos míos, se ha hecho mucho más dura y no sé si la soportaré solo. Comparto el desengaño con mis propios enemigos. Disfrutar es malo y no es necesario saber para juzgar. Cómo puede ser esto posible?
Yo pienso para mí mismo. Me digo: juzgamos como ganadores y perdedores a la vez, pero a aquellos a los que consideramos sólo ganadores o perdedores. El que otrora fue ganador, ahora es perdedor; y el que era perdedor, se ha vuelto ganador. Cómo podemos atenernos sensatamente a este criterio? Oh, sabios, amados míos! decídmelo vosotros! Y yo callaré de una vez y para siempre. El mundo es amenaza. Trampa cotidiana que sólo parece disolverse en nuestro deseo.
Esta juventud ingrata que recorre mi tiempo. Porque no hay descubrimientos fuera de él, que yo haya conocido. Siempre juzgamos las cosas como pudimos, como nos lo permitió la dichosa prisión de nuestra circunstancia. Local, remota, aislada. Desconocida u olvidada. Ordinaria, incontable. En busca de su propia identidad, todavía. Quién podrá negar esto?
La ley del hombre es fraudulenta, negligente, nefasta. Pero debemos crear una nueva ley, volver al principio, al hogar. Todo no puede estar perdido. Cuando ya no podemos ser más reducidos, descubrimos lo que éramos en realidad. El conocimiento común se muestra mayor que el particular.
Es como si no dejara de crecer, mientras lo descubrimos. De hacerse más fuerte. Un golpe, un momento de incertidumbre, estropea el sentimiento de la mayor certeza. Y siempre nos vemos avocados a tener que convencernos de nuevo de lo más evidente. Porque nos pierde una naturaleza insidiosa, volátil, salvaje, debajo de nuestros miembros. Lejos incluso del vientre. Ninguno de los que estamos aquí sabe lo que quedará, como tampoco lo sabían los de antes.
Es como si no dejara de crecer, mientras lo descubrimos. De hacerse más fuerte. Un golpe, un momento de incertidumbre, estropea el sentimiento de la mayor certeza. Y siempre nos vemos avocados a tener que convencernos de nuevo de lo más evidente. Porque nos pierde una naturaleza insidiosa, volátil, salvaje, debajo de nuestros miembros. Lejos incluso del vientre. Ninguno de los que estamos aquí sabe lo que quedará, como tampoco lo sabían los de antes.
Comentarios
Publicar un comentario