Carta


Querida madre:

Te saludo con orgullo de hijo. Has escuchado mis razones muchas veces, pero siento que es necesario hablarte una vez más. Deja que sea con sinceridad. Me has tocado el alma. Creo que hacía mucho tiempo que debías hablarme como lo has hecho. 

Aún no soy tan preciso. Es cierto. No soy lo mejor que puedo ser. No he sido recto contigo, pudiendo haberlo sido. No me esforcé lo suficiente, pero tú tampoco. Eres mi madre, no Dios. He esperado demasiado de ti. No sabes lo lejos que te imagino ahora de mi corazón. 

Sé que ya no quieres contender conmigo. Mientras tú y yo creamos alguna vez que eres mejor que yo, no podremos ser amigos como deseo. Hay otros mejores que yo. Los ha habido y los habrá siempre. Sólo puedo copiarles. Ni siquiera puedo conocerles. Les copio desde muy lejos. 

Tú no eres la única que no acepta esta desgracia. Es difícil vivir para los dos. Ambos sabemos por qué quieres ayudarme. Por qué te esfuerzas tanto: porque no quieres sentirte culpable por mi causa. Me has dado las excusas que buscaba. Como cualquier otro, sólo tengo excusas. Excusas que no he elegido, que no son mías. 

Yo no espero que me entiendas, si no puedes amarme como soy. Pero ayer era el mismo, no puedo cambiarme, por más que me aborrezcas. Ambos hemos sufrido por intentar cambiar al otro, por afrontar la dura realidad. Es difícil afrontarla. 

Estoy buscando mi destino. Me esforcé y sufrí. No espero que pienses en mí más que como un simple hombre que pasa, no como tu hijo, no como objeto de tu orgullo, ni como incansable servidor de las causas justas, interminables, agotadoras, porque no lo soy. Ambos lo sabemos. 

Si quieres saber si me avergüenza, si quieres creerme, sí, me avergüenza. Tus palabras me han llegado al alma como pocas veces. Pero esperaba y deseaba que ocurriera algo así, aunque tuvieras que ser tú, alguien como tú, la que me lo recordase. Ahora, ves los fundamentos de mi orgullo. Te los estoy mostrando. 

Puedo hablar de mi vida, pero no puedo cambiarla. Puedes volver a rechazarme, pero no cambiaré. No puedo ofrecerte más de lo que soy. Aunque sólo quieras verme bien, intenta conocerme de nuevo. Te lo ruego, aunque sólo quieras que te complazca, escúchame de corazón. 

No somos perfectos como para exigir perfección a los extraños. Sabes a qué me refiero. Repito que agradezco tu ternura. Esta es la respuesta más honesta que puedo darte para demostrártelo. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Tà eis heautón

Curación

Postulados relevantes