Huecos
Estaba en mi casa una tarde cualquiera. El sol entraba por las cristaleras e inundaba todo con su luz. Yo era un niño y jugaba con muñecos. Lo hacía porque soñaba. Me desbordaba en sueños. También veía películas. La historia de mis sentimientos es la de mi pasión. La de mi desbordamiento interior. Siempre me he sentido afortunado, desde el primer día de mi uso de razón.
Los sentimientos son razonamientos demasiado lentos o rápidos. Hoy quiero decir que me he aprovechado todo lo que he podido de la sabiduría. La sabiduría es saber recoger el fruto invisible. Ha habido hombres más grandes que yo, al parecer. Puede que a ellos no les hiciera falta esto. A mí sí. Ya no me parecen tan diferentes. La obsesión no cambia el objeto que la produce.
Quería que fuera fácil lo difícil, pero ahora veo que no cambia. El tiempo, la vida. Todo lo que viene del misterio. Siempre es lo mismo. La razón nos agota pronto. Sus frutos nos abruman y deseamos algo más, otra cosa. Ha sido una aventura existir. No quiero irme. Tengo miedo de desaparecer. Parece mentira, pero es cierto.
Quería ser más profundo y distinguido, exhibir más talento. No he sido capaz. Esto es todo lo que sé de mí. Más bien, todo lo que no sé, todavía hoy. Los recuerdos son fantasmas. Parecen reales, pero no lo son. El tiempo es un misterio eterno. La tragedia es demasiado oscura para ser verosímil. Todo es mucho más simple. Sabemos que los sentimientos nos someten por caminos misteriosos. Creo que no importa si son anchos o estrechos.
Quería ser un hombre nuevo, revolucionario. Un hombre diferente. Y, sin embargo, me hallo como un hombre más, tan sencillo o complejo como el resto, sin cambiar un ápice. Estamos hechos así, llenos de trabas y enredaderas invisibles. Razonamos como si nos devorásemos. Puede que no vayamos a ninguna parte, pero deliramos. No terminamos de resolver, de darnos respuestas provisionales. He aquí nuestro verdadero desprecio a los sentimientos.
Quería estar más seguro de lo que decía y de lo que hacía. Me he cansado muy pronto. Vivo la vida simbólicamente. Sé lo que tengo que hacer, pero no sé por qué lo sé. Soy demasiado melancólico. Demasiado ordenado por dentro. Quisiera rebelarme contra mí mismo, si pudiera. He visto la farsa con una claridad que no planeaba, pero aún necesito esperanza. Por eso me apoyo en lo invisible con todas mis fuerzas. En lo que no cambia. Porque estoy vivo. Es más difícil vivir que morir. Más inseguro.
Quisiera hacer algo que me apartase de aquí, pero no sé dónde estoy. Un gesto increíble. En realidad, me culpo a mí mismo de lo que me pasa. Tengo una herida enorme en el orgullo. Él sigue adelante y me arrastra a mí, mientras me quejo. Son padecimientos tristes, pero sé que todo es mucho más simple. Sé que en realidad soy un superviviente prohibido. Pero no quiero irme de aquí, aunque haya llegado por casualidad.
Los hombres somos extraños. Hablo de este mismo día. Somos autodestructivos por dentro, porque tenemos toda la potencia de la naturaleza en nuestras fibras racionales. Son las que rompen y someten nuestros deseos. Somos cazadores de sueños, magos huidizos. Lo éramos y lo seguimos siendo. Poso mis letras sobre este sitio, en este mismo día. Poso un poco de aliento de mi alma, antes de que se disperse.
No era tan fácil soñar. Desde esta parte, todo se ve diferente. Esta paradoja de existir no se ha agotado todavía. Espero nuevos sueños que sean fieles a los viejos. Eso me parece la mudanza de la Belleza. Puedo hablar libremente sobre mis delirios. No sé el caso que me harán. Surgió de la nada un nuevo intento por destacar, un toque de irreverencia. Un antojo de vanidad, de impudicia, de precipitación.
Comentarios
Publicar un comentario