Relato de mis creencias


Parte I 

La pregunta más importante que creo que puede hacerse un hombre es la de si existe o no un Creador, no sólo de aquel, sino de todas las cosas. Este tema me ha apasionado toda mi vida. Desde que tengo uso de razón me considero creyente. Quiero contar todo al respecto tal y como me parece que es. 

Me crié en una familia cristiana, por parte de padre y madre. Recibí el cariño que se puede esperar de una familia piadosa. He vivido a salvo todos los días de mi vida. El bien y el mal que reparte el hombre es imperfecto y breve, como la vida humana. Así lo creo yo. 

Como es lógico, al principio no podía pensar de la manera que pienso hoy, pero no puedo decir con seguridad que ahora esté más cerca de la verdad que entonces. Me inclino a pensar en el cambio de puntos de vista, como una especie de reflejo de uno mismo. Así entiendo el conocimiento, como una forma de autoconocimiento que no sabemos dónde empieza y termina. Como un espejo de la luz que procede de nosotros mismos. Esta luz no es nuestra. 

Mis primeros pensamientos sobre Dios fueron muy rudimentarios y se basaban en las comparaciones que hacía con el amor de mi familia, mis relaciones personales y mi comportamiento. Me inducía a pensar lo que me gustaba o lo que aborrecía por mi propio interés. Tal vez lo que más importe sean las imágenes que intentamos crear. Desde luego, no siempre son las mismas. 

La afirmación o la negación de la existencia de Dios son movidas por un impulso emocional, es decir, por un deseo. El deseo es la pasión que no elegimos y que nos controla desde nuestros sentimientos. Mis prejuicios no son mejores que los de mis adversarios y yo también tengo orgullo. No puedo pensar como antes. Soy hombre y como hombre vivo. 

Con el tiempo, fui pasando por situaciones diferentes, pero en el fondo siempre me resultaban del todo familiares, como si, ciertamente, nunca cayese del todo, ni abandonase el mundo, ni a mí mismo. Como si alguien no me abandonase, a pesar de mi indescriptible extravío por la existencia. 

No conozco la perfección de mis deseos ni los secretos de mi corazón. Son los de la misma naturaleza humana, a la que me debo y a la que pertenezco. No puedo entender esto. Como hombre, estoy ciego ante mi propio corazón. Está sellado para mí. De él sólo recibo órdenes y sacudidas. No importan tanto las precauciones que pueda tomar. Esto persiste, como la poesía que no puede ser planeada. Como historia rebelde.  

Voy a intentar explicar lo mejor que pueda todo lo que siento ahora. Las influencias son reales y las que yo recibí vinieron de personas, lugares, momentos, sentimientos y objetos. En ello reside todo mi conocimiento pasado, presente y futuro. 

La influencia es emocional, como nuestra vida, ya que es nuestra única manera de entender la realidad: a través de nuestros sentimientos. No hay otra manera de interpretarla. El afecto es carencia. Por eso existe. Si no, no existiría. 

Como ser humano, creo que siempre he buscado naturalmente el afecto de los demás. Por una lucha natural, a veces he salido perdiendo, ya que creo que siempre he sido muy sensible y distraído, incluso ante mis propias reacciones y sentimientos. 

Mi punto de partida fue un carácter marcado por la obsesión y la depresión, por cambios bruscos de humor. Esto creo que se debe principalmente a factores genéticos y ambientales. Ahora no puedo razonarlo como antes y siento que me afecta menos. La razón es nuestra arma más poderosa, pero hasta ella pasa por el corazón. Es necesario. 

No hay nada que no interpretemos emocionalmente, ni siquiera lo más básico. Esto es importante. Como he dicho, mi acercamiento a lo espiritual ha sido desde el interior, y ha sido así desde el principio. La influencia de una educación cristiana marcó mi carácter desde que era pequeño, pero probablemente, como imagino que ocurre en todos los casos, tuvo más peso mi comportamiento individual, mi personalidad y mis inclinaciones naturales, es decir, mis debilidades. 

Las influencias que no eran oficiales, las más interesantes, fueron determinantes. Me refiero a la ficción audiovisual y a la fantasía. No imagino mi vida sin ilusión. No la elegimos. Existe, como si existiera por sí misma. Nada podemos hacer contra ella ni por librarnos de ella. No viviríamos si no fuera por la ilusión. Es humano sentir temor y esperanza y eso da sentido a la verdadera religión y el arte. 

Lo que intento decir es que mi vida no es ni ha sido nunca ejemplar, pero ha sido real. Esta situación me llevó a pasar por varias crisis emocionales. Fueron situaciones que marcaron a fuego mi corazón. No puedo decir que fuera un infierno, pero sí creo que fue muy duro y que tuve demasiada suerte para salir airoso por mí mismo. No me creo tan bueno para ello. 

Desde que era pequeño me he sentido especial, en lo mejor y en lo peor. No me aceptaban como era ni como quería ser. Muchas veces eclipsaba a los demás. Otras me despreciaban porque no aceptaba lo que era convencional. Esto es sin duda narcisismo por mi parte. Aún deseo ser la estrella. No creo que haya madurez que pueda cambiar eso. 

Mi sociedad es injusta. Sus dioses son el dinero y la apariencia. Sus ciudadanos desean lo mismo que hace dos mil años: eterna juventud, riqueza, excesos. Me siento alienado porque parece que mis deseos no son de este mundo. Creo con todas mis fuerzas que muy pocos están preparados para soportar todas las iniquidades del mundo en la esperanza de encontrar (o hacer) uno mejor, y creo que esta esperanza es buena y adecuada. Que es el camino correcto. 

Hablo como hombre. Esto es lo que pienso. Hace mucho que no puedo cambiar de opinión al respecto. Pongo sobre la mesa mis sentimientos y mi juicio. Es este. Recibimos lo peor de nosotros y no lo aceptamos. Así nos imagino por dentro. No importa lo que pase en el mundo. Lo que pasa dentro de nosotros es más grave, más importante. 

Después de estas crisis conocí la filosofía. Fue gracias a un profesor maravilloso, especialmente dotado para su profesión, con carisma y con intención de enseñar algo verdadero y útil, como pocos que he encontrado. Con mucho paternalismo y ternura, intentó inculcarnos el amor por la sabiduría. Me sentí directamente elegido por él, como por Dios, detrás de su discurso y de su enorme cultura. Me inspiró como pocas personas me han inspirado. Parece que fuera la persona adecuada en el momento preciso. 

Me ayudó a comprender algunas cuestiones, pero tuve que seguir mi camino solo. Muchas veces, volví a pensar en él. A veces me volví ufano y presuntuoso, creyendo que le había superado, pero no me parece un sentimiento justo ni verdadero. Creo que siempre podemos aprender más de quienes subestimamos, pero esto es muy fácil decirlo y muy difícil demostrarlo. Somos bastante mejorables, a pesar de todo. 

La inteligencia se demuestra en el comportamiento. Recaí en situaciones que me parecieron seguras y aprendí dramática, casi trágicamente. No sé cómo salí de los agujeros en los que me vi hundido. La luz era muy confusa y sólo alumbraba mi desesperación. Como se suele decir, el tiempo lo cura todo, pero la vida es algo más. No es sólo sabiduría popular. 

Sentí que iba cada vez más rápido y que no controlaba la velocidad. No había planeado pensar de esta manera y me ha sobrevenido una extraña serenidad, llena de dudas y de compasión. Eso es lo que siento por el mundo, pero ya es tan cotidiano, que no tengo más remedio que apoyarme en la rutina para no enloquecer, para seguir creciendo. Así es como me siento. 

No sé si puedo aspirar a compartir los secretos de mi corazón como deseo. Una especie de perfeccionismo me ciega. La soberbia me vela los ojos. Es extraño. No imagino un conocimiento más real ni mejor que este, pero sé que lo encontraré, si el tiempo no cambia de dirección, si todo es igual mañana. Así es como me siento ahora. Intento decir la verdad. Me alivia compartir estos sentimientos. Sé que es lo correcto. 

Lo que recomiendo a las personas que valoren su sentido común es que no dejen nunca de ejercitarlo, que busquen una sabiduría mejor porque vale la pena, pues sirve para tomar la decisión adecuada en cada momento, para entender la verdad tal y como es y para nada más. Lo demás es una especulación vana, que suele derivar en polémica, rebelión, caos y, finalmente, aniquilación o dispersión. Así es como lo imagino hasta ahora. Dudo que alguien pueda querer eso sensatamente. 

Por tanto, animo a todos para que amen la sabiduría, la verdad tal y como es. No está lejos de nadie. No somos tan diferentes. Si uno cree esto, si lo entiende, ve que lo demás es mucho más sencillo. Esto es lo que me ha motivado a mí y lo que me ha ayudado a seguir adelante. Creo que es mucho más, pero quería dar algunas pinceladas por fuera. Ojalá lo hicieran más personas. Imagino que esto nos haría bien a todos. Aún así, tengo fe. Sé que toda oscuridad aún no ha sido iluminada. Seas quien seas, vive con sabiduría en tu corazón. 

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