J.
Querido recuerdo. Disculpa si abuso de ti hoy. La herida que te hago equivale a la que tú me hiciste hace ya tanto tiempo. Colmaste mis sueños, llenos de imaginación infantil. Yo no la permití, porque sólo la conocí por fuera, suficiente para seducirme.
Tienes el nombre de una hermosa dama, mi musa, mi primera princesa. Sé quién es, porque aún me lo dice mi corazón. Ha pasado ya mucho tiempo y mi corazón está cansado, pero sigue siendo infantil. Se remueve al son de los recuerdos, Lo retuerce el más leve quejido frente a lo nuevo y lo desconocido. Cuál es nuestra arma, si no es lo familiar?
Sé que no somos originales. Mi amor, cómo hemos cambiado. Si supieras lo que pienso ahora de ti, me odiarías. Aún me cuesta no odiarme a mí mismo, viendo tu ternura bucólica, tu sencillez y tu sosiego, tu mansa y santa devoción, tu entrega. Eres mi envidia, ahora mismo. Te amo por eso.
Te imagino huyendo de los que sólo buscan tu belleza exterior, escondida en los brazos de ese buen hombre, gracioso, sin duda, y muy cariñoso. Tú también eres niña, como yo. Esperé en la sombra hasta olvidarlo todo. Luego, fui nuevo sin que pudiera evitar conocerlo.
Nunca llegué a consumar mi sueño. Era como si tuviera que ser así. Sabías que fingía. No fui el rebelde que necesitabas, pero ahora sé que no podía elegir. Estaba en otra parte, demasiado lejos de ti como para aspirar a algo más.
No sé cuánto imaginaste de mi corazón. Lo suficiente para no apostar por mí. Te entiendo, pero no te conocí tanto. Para mí eras ideal, sin conocerte. Ignoraba las burlas y los desprecios, porque tú eras el límite. Tú me alentabas en mis sueños, como dona angelicata. Dama especial y única. No hubo otra como tú para mí, al principio.
Te elegí resueltamente, como el caballero que elige a su doncella. Para mí, lo romántico que había entre nosotros sólo pertenecía a las películas y a la poesía. No podía ver más allá. Ahora, que ha pasado tanto tiempo, siento que hemos crecido demasiado, porque la vida es de una sola dirección, y todos somos engañados hasta que nos damos cuenta.
Cuando me alejé de ti, otras quisieron destruir mi inocencia y casi lo consiguieron. No estoy seguro de que no lo hicieran. Yo también tuve que ser verdugo de alguien, porque, algunas veces, nosotros somos los deseados. Así abusamos del poder.
Como ya he dicho tantas otras veces, hubieras conocido mi secreto por dentro, la intimidad de mis momentos. Ahora se hace tan extraño decirlo. Te digo que mi deseo era que fueras única. Ardiente, incombustible belleza, la belleza real.
No creo que el tiempo me robase nada que no te robase a ti también. Veo inexorablemente tristeza detrás de tu sonrisa, pero ya no estoy tan seguro de que yo pudiera borrarla. Hoy me siento más frágil que ayer. Es más difícil creer, pero sigo creyendo.
Como hombre, sé que estoy completo. Nos hemos vuelto a encontrar alguna vez y he visto sorpresa en tus ojos, duda en tu corazón. Probablemente, no creerías todo lo que me ha pasado, todo lo que he sentido. Ya no creo que sea tan importante.
Siento unas ganas enormes de volver a vivir, como si ya no viviera, como si aún no hubiese vivido. Es esta melancolía obsesiva. El destierro de un corazón solitario, condenado a la soledad. Deseo estar equivocado.
Cariño. A veces, me parece que sería tan fácil esconderme de todos mis recuerdos. No puedo decirte cuánto siento no haber podido controlar el resultado de mis sentimientos, su devenir, mi inconsciencia presente y futura.
Nos veo a todos tan desconcertados en este mundo oscuramente familiar, cada vez más gris. Si pudiera decirte todo lo que he creído aprender. Siento, vida mía, que nos hemos hecho mayores para soñar despiertos, porque ya no hay nada más que soñar, que merezca la pena ser soñado.
Aún así, deseo desesperadamente volver a sentir ilusión, la ilusión de empezar de nuevo. Soy egoísta por recurrir a ti otra vez, ya que sólo eres una sombra lejana. Lo que es más alargado es lo más imperceptible en lo pequeño.
Cuando era pequeño, me llenaban cosas pequeñas. Pensaba que no había nada más grande, porque no podía haberlo. Ahora, que soy del mismo tamaño, caigo en un abismo sin salida, sin fondo; no subo a ninguna parte. La caída libre es el olvido completo. Pensaba que tenía todas las respuestas.
No sabía lo que era la desnudez. Presumía como si lo supiera, hasta que ya no eras la primera ilusión, la primera imagen. No quiero aceptar que te elegí, que podías haber sido cualquier otra. No sé lo que significa eso.
Intento esquivar, como siempre, mi responsabilidad, evadirme, explayarme. Es a lo que estoy acostumbrado. Pero yo sé que no podré hacerlo para siempre.
Si supieras, amor, que he esperado toda mi vida por algo verdaderamente especial, que no conocía ni podía conocer. Todo para llegar a esto, un limbo amoral, en el que sólo me quedan burlas y sed de pasado, porque el futuro no existe. No sé si me entiendes o si puedes entenderme. Hablo de la dureza insuperable, la que no se puede expresar con palabras.
Hoy me sentía vulnerable por ti y tampoco sé si era sólo mi engañosa voluntad u otra chispa de destino escondido. Espero que me perdones por el atrevimiento. Yo también soy cariñoso cuando quiero. No te he olvidado, recuerdo.
Estás en un mar de imágenes y tienes un lugar predilecto. Subestimé mis memorias, porque creía que ya no podían hacerme daño. Siempre se aprende algo nuevo de uno mismo. Creía que ya no podían vencerme, porque eran todo lo que tenía, todas mis armas contra el tiempo y sus secretos. Ellas me vencieron primeramente, por completo.
No espero, de veras, enseñarte nada que ya no sepas, pero tal vez aún pueda tocar alguna parte de tu corazón que aún es virgen para ti, porque siempre, créeme, hay una imagen más poderosa que nuestros recuerdos presentes. Ese impacto hace, hasta donde yo sé, los descubrimientos del alma.
Es lo mejor que te puedo decir ahora, aunque no sea mucho. Espero reconciliarme contigo, como debe hacerse con cada memoria real, si así está escrito en el destino que no cambia. Te rozo por fuera, ausente y anónimo, pero aún deseo estar lleno de verdad, porque no puedo completarme yo solo.
Una parte de mi vida real me ha asaltado hoy. No desaparezcas del todo, te lo pido ahora. No sea que olvide quién fui de verdad, si es que no puedo realmente, saber nada más de mí, nada nuevo y distinto. Como siempre digo, princesa, gracias por estar entre mis recuerdos.
Comentarios
Publicar un comentario