La Garita
La Garita es un barrio de Telde, la segunda ciudad más importante de Gran Canaria, perteneciente a la provincia de Las Palmas de Gran Canaria y, a su vez, a la Comunidad Autónoma de Canarias, España. Aquí me crié y viví durante doce años. Tenía una segunda casa que visitaba regularmente: la de mi abuela, donde vivía mi padre, en la capital. Él, a veces, nos visitaba, cuando todavía tenía coche. No era, precisamente, un conductor ejemplar.
La Garita se llama así por una garita que se encuentra en la playa y que, según me contaron cuando era pequeño, había sido usada en alguna Guerra Mundial, pero no sé si esto es cierto. En la Garita solía salir a patinar o ir en bici con mis amigos del barrio. También jugábamos al fútbol, al escondite y cosas por el estilo. Compartíamos muchos sentimientos que nos unían más. Tenía buenos vecinos, la mayoría. Alguno era más gruñón. Para mí era el mejor barrio del mundo.
Aunque pasaba gran parte del tiempo en casa, a veces salía por mi cuenta y esparcía mi imaginación y mi mundo interior. Mamá nos llevaba a la playa de vez en cuando y se preocupaba por las olas, porque, según decía ella y otras personas, era una playa muy traicionera. Ahora, la playa no ha cambiado mucho. Suelo ver a la gente pasear por la tarde en familia, en pareja o en solitario. Mamá dice que muchos ni siquiera son de aquí. Quizá tenga razón. Es un buen sitio para pasear, a pesar del viento.
Lo que hacíamos en casa era, básicamente, ver la televisión o algunas cintas de vídeo, jugar a los muñecos o a la consola y, a veces, algo más creativo como dibujar o escribir. Me refiero a mí, a mi hermano y algunos amigos. De vez en cuando podían quedarse en casa. Éramos un grupo muy unido.
A veces, también visitábamos la casa de nuestros amigos y allí se posaron muchos de mis recuerdos, no sólo en casa. Cuando mamá me dejó, decoré la habitación con fotos de mis ídolos, como muchos adolescentes. Era por imitación, por sentirme aceptado en el grupo, identificado. No sabía cuánto me faltaba, cuánto no llegaría a conseguir, por más que me esforzase.
A veces salíamos de la ciudad a hacer alguna excursión o algún viaje, pero la vida la pasábamos prácticamente toda allí. Mamá me apuntó a un gimnasio donde trabajaba un amigo suyo, al lado de la playa. El gimnasio ya no existe. Allí, tomé algunas clases de Tae Kwon Do y Judo, pero pasaba gran parte de las clases mirándome al espejo y haciendo el payaso. También nos metió en clases de tenis, al lado de casa. Lo mejor de aquello era la cocacola fría al final de las clases, porque nos refrescaba del calor y era muy dulce. Algunos amigos se apuntaron con nosotros sucesivamente.
Me gustaba mucho ir a casa de mis amigos, que me invitaran a algo de comer y jugásemos a la consola o los muñecos. Era sencillo. Todos sabemos jugar. Luego, veía muchas veces mis películas favoritas, las que tenía a mano. Mamá escuchaba muchas baladas y le gustaban mucho Juan Luis Guerra o Alejandro Sanz, así que esa influencia también llegó a mí y también me emocionaba su música. Estaban de moda. Cosas de los 90.
Esa era mi vida en La Garita. Iba con mi mejor amigo a hacer peleas de mentira a la playa. Comprábamos golosinas y nos sentábamos a comerlas en la acera. Nos bastaba fantasear. En verano iba a la tienda a comprar helado y me acariciaba las piernas morenas por el camino, agitándome emocionado. No tenían tanto pelo como ahora. Ni siquiera se veía.
Comía mucho helado. En el 97 había una tienda de Camy frente a la playa y siempre compraba un helado de bolitas de colores que me encantaba. Solía estar rapado y era muy cómodo. He recuperado esta sabia costumbre, pero no sé por cuánto tiempo. Las excursiones que hicimos alguna vez fueron a casa de amigos de mamá cuando hacían fiestas o asaderos, a la Presa de las Niñas o algún sitio similar. También nos quedábamos alguna afortunada noche en casa de nuestros amigos o familiares.
Alguna vez íbamos al campo, porque mamá conoció a una amiga que tenía una casa en Gáldar con su familia y allí también se posaron muchos de mis recuerdos más hermosos de la infancia. Realmente, he tenido mucha suerte de no haber nacido en una guerra, con deformidades, con una familia más violenta o incívica, no haber recibido abusos excesivos. Es bueno estar vivo.
Otros recuerdos de la Garita se remontan a mis diez años. Conocí a mi segundo grupo de amigos. Ya había tenido varios. El tiempo pasa y los grupos cambian, vienen y van. Este grupo era mejor que los anteriores porque me daba más autonomía y libertad. Me hacía sentir más yo mismo. Yo y mi hermano siempre hemos sido muy persuasivos y arrastrábamos a mucha gente con nosotros a hacer, decir o creer lo que a nosotros nos parecía. Tenemos esa suerte o desventaja. No sé si esto habrá cambiado, pero diría que no.
En este grupo había algunas chicas y empezó el "romanticismo". A ti te gusta aquél y ésta le gusta al otro. Era muy entrañable, pero a nosotros nos parecía extremadamente nuevo. También llegaron los primeros golpes y desengaños, pero todavía éramos unos niños. Recuerdo algunas peleas con mis amigos y era irresistible evitarlas, como ahora. No podemos cambiar nuestra naturaleza, por más conscientes que nos hagamos de ella.
Aunque ya no seamos unos niños por fuera, lo seguimos siendo por dentro y sólo cambian las palabras y las apariencias, los fingimientos. Pero la esencia es la misma. Está intacta. Las explicaciones que podamos dar ahora serán ridículas o irrelevantes en unos años y no importa lo que hagamos por evitarlo. Es una especie de ley cósmica o histórica.
El tiempo agota lo que contiene. Sólo podemos agotar. No es algo malo, ni inmoral, ni tormentoso. Es sólo que no lo entendemos suficientemente bien. Tampoco nos interesa tanto. Quizá no puede interesarnos tanto. Una especie de supervivencia interior, de esperanza irracional.
La Garita es un buen barrio para vivir. Mi barrio favorito de la isla. Ya no me impacta tanto como antes, porque, tristemente, me he desecho de muchos prejuicios morales que me hacían amarlo más por mi infancia. Parecía intocable, sagrado. Pero es sólo el barrio en que crecí. Ahí empezó todo y podía haber sido mucho peor, pero no lo fue. Fue maravilloso y desconozco todo lo que lo hizo de esa manera, es decir, todo lo que me hizo ser yo mismo.

Comentarios
Publicar un comentario